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El quiosco

31 enero, 2010

Me giré para ver quién me había agarrado. Detrás de mí sólo estaba Anxious. No había rastro de los demás. La gente se movía con prisa hacia los trenes. Nadie venía corriendo hacia nosotros. Expecting parecía igual de desorientado que yo, pero de inmediato me soltó y corrió hacia la salida de la estación, perdiéndose entre la multitud de gente. De pronto me encontré solo entre un montón de personas que no habían notado mi presencia.

Rápidamente fui hacia el quiosco, necesitaba confirmarlo. Cogí un periódico, el primero que ví, ante la mirada atenta de una dependienta que me resultaba ligeramente familiar. Comprobé la fecha y, efectivamente, había regresado.

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Ligero de equipaje

26 enero, 2010

Llevaba más equipaje que la última vez que había estado en esa estación: pergaminos con apuntes que había tomado durante las clases, la varita, ropa… Pero me faltaba una cosa y quizás era lo que hacía que mi equipaje (léase carga) fuera más pesada: la carta. Me había acostumbrado tanto a llevarla conmigo que era muy extraño no tenerla. Rápidamente se pasó por mi memoria el recuerdo de aquella lechuza en mi ventana de Avilés.

Se sabía que habría vigilancia. Si había alguien esperándonos ayer, no le haría mucha gracia que no apareciéramos. Esperábamos cualquier sorpresa. Por ese motivo tratamos de pasar desapercibidos entre la multitud. Nos separamos ligeramente. La doctora Lemonfield y el doctor Expecting iban a mi lado. Nos repartimos el equipaje para que no pareciera que sólo me iba yo de viaje. Un hombre tocaba una guitarra junto a la entrada. Había mucha gente entrando y saliendo, también charlando fuera. Una mujer repartía tarjetas de publicidad de un local de comida rápida.

Hagrid fue el primero en entrar, junto con uno de los Aurores. Los demás íbamos un poco rezagados, para evitar dar sensación de grupo. Dumbledore fue el siguiente en entrar. Salía y entraba mucha gente. A nuestra derecha estaba el hombre que tocaba la guitarra, al que podía escuchar más cláramente ahora. Paré un momento para dejar unas monedas en el sombrero que tenía colocado en el suelo frente a él. Me sonrió y agradeció con un movimiento de cabeza mientras los doctores me miraban nerviosos. Seguimos caminando. Me temblaban las piernas y comencé a toser.  La gente seguía entrando y saliendo sin parar. Todo se movía. “Nada que ver con la tranquilidad de Hogwarts”, pensé para mí.

Caminamos hacia los trenes. Allí estaba el pasamanos. Llegaba el momento. Tosía más.

-“¿Estás bien?”- me preguntó la doctora Lemonfield

-“Creo que sí… un poco nervioso”- respondí.

-“Tranquilo, ya casi estamos”- dijo con una sonrisa. Mis nervios eran más que obvios.

Ví  que Albus que me sonreía en la distancia. Ya nos habíamos despedido “oficialmente” antes de partir, pero le iba a echar de menos. Miré a los otros, Hagrid estaba junto al quiosco donde había comprado aquel periódico. A su lado estaba el auror. La doctora Lemofield y yo estábamos casi frente al pasamanos. Expecting iba un poco detrás de nosotros. Ya casi estábamos allí. Busqué Alister con la mirada debería estar detrás de nosotros, junto a la otra Auror. No les veía, había mucha gente.

- “Es el momento”- dijo la doctora echándose ligéramente a un lado.

Volví a mirar a los demás. Aun no podía ver a Alister y a la Auror.

-“¡Venga, hazlo!” – exclamó nervioso Expecting, que estaba pegado a mí.

Volví intentar encontrara los demás, mientras agarraba las bolsas con una mano y acercaba la otra hacia el pasamanos. La espalda de Expecting estaba frente a mí ahora. Entonces escuché ruido en la entrada, había gritos Alister venía corriendo hacia nosotros.

-“¡Tócala!, ¡Tócala!” -gritaba Alister, la Auror apareció corriendo detrás de él y una multitud de gente se apartaba despaborida ante sus gritos y los de la gente que venía detrás.

-“¡Están aquí! ¡Rápido!”- exclamó Lisa volviéndose hacia donde yo estaba. Me pareció ver a alguien más que venía corriendo hacia nosotros.

Justo en ese momento ví un trozo de pergamino que asomaba del bolsillo de Expecting. ¡La carta! Pero ¿cómo había llegado hasta ahí? Aparté la mano del pasamanos para cogerla. “¡Tócala! ¡Tócala!” gritaba Alister. No había tiempo. Me giré y volví hacia el pasamanos. Y lo agarré con fuerza, con la misma fuerza con la que una mano se agarraba a mi hombro.

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Los nervios de última hora

26 diciembre, 2009

Esa noche casi no dormí. La carta no había aparecido, cosa que me parecía muy extraño. La noche anterior Albus y yo la habíamos buscado por toda la habitación. El profesor había probado con “Exhíbeo” (para localizarla en el lugar),  pero no huno resultados. Luego hablamos con los encargados del Leaky Cauldron. Tampoco pudieron ayudarnos. Al volver a mi habitación, me tumbé en la cama y empecé a pensar en la mañana siguiente. Entre eso y la anxiedad que me había causado perder la carata, tardé mucho en dormirme. Como me tuve que levantar muy temprano, estaba bastante cansado a la hora de desayunar.

A la hora del desayuno no había tanto silencio como en la noche anterior. Todos hablaban a la vez .Dos aurores del ministerio llegarían en una hora para acompañarnos a la estación, por motivos de seguridad. Yo comencé a toser con nerviosismo, me sudaban las manos. Pero ¿por qué estaba tan nervioso? Tras la llegada de los aurores nos iríamos a la estacion. Yo quería correr y llegar ya, pero a la vez me daba mucha pena marcharme de allí. A algunas personas como Dumbledore, no les vería en mi tiempo…

Un ruido nos hizo mirar a todos hacia la chimenea. Frente a nosotros había un hombre y una mujer. Los dos llevaban unas túnicas azul y una escoba en la mano. Obviamente habían empleado el mismo método de transporte que nosotros.

- “Oh, bienvenidos” – dijo Albus levantándose de la mesa. Luego se dirigió hacia ellos que estaban sonrientes. Luego supe que habían sido alumnos de Hogwarts. Los demás nos levantamos y les fuímos a saludar.

- “Encantada de conocerte” – me dijo la auror con una sonrisa tranquilizadora. En ese momento pensé que ésto debía de ser una rutina para ellos.

-”Igualmente“- respondí yo

-”¿Estás nervioso?“- me preguntó el auror.

-”Em… un ¿poco?“- respondí sonriendo y nos reímos.

-”Será mejor que preparemos las cosas” – dijo el profesor Dumbledore- “Tenemos que darnos prisa“.

Me apresuré a por mi equipaje.

Cuando volví, todos iban vestidos de traje. Se me hacía extraño verles así vestidos, sin las túnicas y los demás atuendos a los que me había acostumbrado en los útlimos meses. Los dueños del Leaky Cauldron quedaron en ponerse en contacto con el profesor Dumbledore si la carta aparecía. Nos despedimos y partimos hacia la estación, pero esta vez lo hicimos caminando por la calle (de ahí el cambio de vestimentas).

Durante el camino Alister hablaba con la doctora Lemonfield mientras Albus lo hacía con uno de los auroes. El doctor Expecting hablaba con el otro auror y Hagrid y yo recordábamos los meses que había pasado con ellos. No sé cuánto tardamos, pero a mí me parecía que nunca llegábamos. Por lo menos la conversación me mantenía distraído.

Nadie nos miraba. Londres seguía su ritmo habitual. Sólo la moda y la música que oía me hacían recordar en qué año estaba.

A las once de la mañana estábamos frente a la estación. Tuve un recuerdo de ese primer viaje a Hogwarts. Parecía muy lejano en el tiempo aunque, irónicamente, aún no había sucedido en el 1980.

Después de todo un verano, había llegado el momento.

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Extraviada

24 diciembre, 2009

Tras un rato a la mesa, me dí cuenta de que todos estábamos un poquito nervisos. Había mucho silencio. Afortunadamente Albus comenzó una conversación sobre Quidditch y parece que se rompió el hielo. A partir de ese momento la comida fue algo más distendida.

Entre conversaciones, Abus se acercó a mi (estaba sentado a su lado) y me susurró: “¿Has usado la carta para avisar a los de tu tiempo?

Entonces a mi memoria vino la imagen de la carta sobre la mesita de mi habitación. Recuerdo que había querido llamar al professor Starluck de mi tiempo para contarle el cambio de planes, pero me quedé dormido antes de hacerlo.  Comprobé mi bolsillo. Por primera vez desde mi llegada a 1980, había dejado la carta a bastante distancia de donde yo me encontraba.

No“- respondí. “Me la he dejado en la habitación” añadí algo nervioso al comprobar que no la llevaba en el bolsillo.

En ese momento el tono de la otra conversación, la del Quidditch, subió. La verdad es que no hablaban de Quidditch, sino de fechas. Pronto se volvió al silencio original.

El doctor Expecting fue el primero en levantarse de la mesa. Disculpándose ante los demás se dirigió hacia su habitación. No tardamos mucho más en marcharnos todos a descansar. Albus me pidió que contactara con el HeadTeacher de mi tiempo. Él también quería hablar con él.

Fuímos a la habitación para buscar la carta. Al entrar, me dirigí hacia la mesita, donde la había dejado.

No está aquí ¡Qué raro!” dije mirando alrededor de la mesita y debajo de los libros que también tenía allí.

Buscamos debajo de la cama, en mi abrigo, en el equipaje… Nada. Tenía que estar por allí.

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De vuelta al “Caldero Chorreante”

25 octubre, 2009

Tras de mí llegaron el professor Dumbledore y Anxious Expecting.

- Bien, amigos, haremos noche aquí – dijo Dumbledore ante la mirada atónita de los demás.

- ¿Pero, professor? – dijo la doctora Lemonfield – Tenemos un itinerario que cumplir.

- Esta mañana, tras el desayuno, hablé con el Ministro. Me comunicó que se cree que ha habido una filtración y se sabe que vamos a la estación hoy. Por ese motivo acordamos este cambio sin consultarlo con nadie – respondió Dumbledore ante la mirada atenta de todos los que estábamos a su alrededor – Todo es por seguridad. – Dijo el professor digiriéndose a mí - Mañana a primera hora partiremos hacia la estación. Pero hoy pasaremos el resto del día aquí en el Caldero Chorreante, donde nos han facilitado la reserva de habitaciones, teniendo en cuenta que hoy suele ser su día de descanso - Yo asentí con la cabeza.

- ¡No puede ser! – exclamó Expecting en un tono molesto- ¡Deberíamos haber sido informados!

- Anxious, tu más que nadie, trabajando en el Ministerio, tienes que comprender los motivos por los que esta decisión ha sido tomada sin consulta previa – respondió Albus.

- Está bien, pero la próxima vez me gustaría que se me…. se nos tuviera en cuenta- respondió Expecting, aunque no parecía totalmente convencido.

Así todos nos dirigimos a nuestras habitaciones. En una hora nos reuniríamos para comer. Yo pensé aprovechar el tiempo para contactar con el Alister de mi tiempo y contarle el cambio de planes. Me senté sobre la cama. Recuerdo que estaba bastante decepcionado porque ése día tampoco iba a volver a mi tiempo. Estaba tan cerca y a la vez, tenía tanto que esperar… Debía de estar muy cansado porque recuerdo que me desperté con la los golpes de la doctora Lemonfield en la puerta de mi cuarto.

- ¿Hola? Va todo bien – Era la hora de comer y estaban preocupados porque no me había presentado.

- Sí, sí, ahora salgo- respondí mientras me levantaba de la cama para salir del cuarto. Le pedí disculpas y fuí con ella hasta el comedor, donde ya estaban todos. Una vez allí me disculpé de nuevo y les agradecí que hubieran esperado por mí. Recuerdo que comimos algo ligero; creo que era una ensalada de lechuga azul, bastante popular en el Caldero.

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Así viajamos a Londres…

23 octubre, 2009

Con la maleta a rastro, vestido como cuando llegué aquel día preocupado por lo que me estaba sucediendo (el viaje en 1980), caminé hacia la casa de Hagrid. Estaba sudando y bastante nervioso, al fin y al cabo, esa noche podría estar durmiendo en mi época.

Por el camino pensé en las cosas que sabía que iban a suceder en Hogwarts, de acuerdo con los libros de J. K. Rowling, y pensé en hablar con Albus. Pero ¡cómo se lo iba a decir!. Todo este tiempo sus palabras habían estado resonando en mi cabeza, “Procura pensar en el año en el que estamos y que todo lo que tu crees que va a suceder en el futuro, no ha sucedido aún y no tiene por qué suceder, así que no había sido capaz de contarle nada. Pero ésta era mi última oportunidad, me iba a marchar y luego… El resto de la historia ya se sabe.

Les ví esperándome junto a la casa de Hagrid. Eran 4, destacando a Hagrid que me saludaba con la mano en la distancia. A su lado estaba el professor Dumbledore y el doctor Expecting y la doctora Lemonfield. Ninguno llevaba una escoba, así que supuse que no volaríamos hasta Londres. (Bueno, lo sospechaba, ¡eran demasiados kilómetros hasta allí!, pero aun no había volado en escoba en todo este tiempo, y me hacía ilusión que hubiera sido ésta la ocasión)

- Ya estamos listos – dijo Hagrid cuando llegué donde estaban ellos.

- Pasemos dentro pues – dijo Albus indicándome la casa de Hagrid.

- Vamos a usar Polvos Flu - me dijo Hagrid sonriente – ¿Los has usado antes?-

- No, es la primera vez – respondí yo.

- Bueno, es sencillo, lanzas los polvos, dices el destino y ¡plas! ¡Listo! – me dijo Hagrid.

- ¿a Kings Cross? – pregunté.

- Aun no – me respondió el professor Dumbledore ante la mirada atenta del doctor Expecting – Nos dirigirémos al Caldero Chorreante.-

Y así Hagrid fue el primero. Lanzó los Polvos Flu, dijo el destino y desapareció ante nuestros ojos. Después fue la doctora Lemonfield. Me tocaba a mí ser el tercero. Había leído sobre esto, así que iba a tener mucho cuidado al pronunciar “The Leaky Cauldron”.  Cogí los polvos, los lancé y dije el destino. No más tiempo que lo que se tarda en papadear para encontrarme entre Hagrid y la doctora Lemonfield en la parte de atrás de la taberna, junto a la entrada a Diagon Alley.

- ¡Vaya rápidez!- dije sorprendido.


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El desayuno y la despedida.

18 octubre, 2009

Partiríamos después de desayunar. O al menos eso es lo que yo entendí. Tenía muchas cosas en la cabeza.

Me puse a preparar la maleta, que ya estaba casi lista desde la noche anterior. Estaba “bastante” nervioso… Bueno, una mezcla de sentimientos, en realidad. No quería cerrar mi equipaje del todo hasta que fuese a marcharme y, además, recordé que se hacía tarde para el desayuno, así que me apresuré hacia el Gran Hall. Mientras bajaba las escaleras… ( casi corriendo) iba pensando en las palabras del Headteacher de mi tiempo : “Nos vemos pronto“. No  me lo podía creer, ¡estaba a punto de volver a mi tiempo!

Al llegar al Gran Hall, ví al doctor Expecting apresurarse para entrar en la escuela. Al verme, me saludó y aminoró el paso. Los dos entramos juntos en el Gran Salón, donde ya estaban todos y todas desayunando relajadamente. Noté que el doctor hacía lo posible para aminorar su paso y miraba nervioso hacia la mesa principal, donde el profesorado estaba desayunando. Albus me hizo una señal de saludo. Me fijé que algunos de los profesores y de las profesoras me miraban y, en cuanto me senté a la mesa,  algunos se acercaron a felicitarme por mi viaje. Me sentí muy apreciado y eso hacía que me diera más pena aún decir adiós.

Al finalizar el desayuno, me despedí de todos ellos.

- Ya estoy deseando que nos volvamos a ver… en tu tiempo – me dijo Alister.

-¡Y yo! – le respondí con una sonrisa.

Después, volví a mi habitación a terminar la maleta. Me encontraría con el professor Dumbledore, los doctores y alguien más junto a la casa de Hagrid en una media hora. Desde allí saldríamos hacia Londres.

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Por la mañana

17 octubre, 2009

La falta de paciencia no es buena, siempre causa otros problemas, como el hecho de que apenas durmiera aquella noche. Estaba despierto muy temprano y con demasiadas cosas en mi cabeza como para poder volver a dormirme, pese a que estaba físicamente cansado. No paraba de darle vueltas al hecho de que pronto volvería a mi tiempo. Todo volvería a ser normal. Pero tantas semanas en 1980 me habían hecho conocer a mucha gente y vivir algunas experiencias muy importantes que habían cambiado mi vida. Ahora tenía que despedirme de todos ellos y ellas, pero tenía la esperanza de volver a verles en el futuro. A algunos de ellos era más que seguro que les volvería a ver, así que no estaba tan triste.

Me levanté y miré por la ventana de mi habitación. Estaba amaneciendo. El sol salía muy lejano y, aunque se podían ver todos los alrededores de la escuela, aun no había luz suficiente para que las formas no se difuminasen. Todo estaba muy tranquilo, el mundo parecía estar durmiendo. La casa de Hagrid estaba a oscuras y el bosque incitaba a imaginarse el tipo de criaturas que estarían allí durmiendo.

De pronto me pareció ver una figura en los campos de la escuela. Parecía un hombre, bastante alto y con una manera de caminar muy firme. No podía distinguir quién era con aquella luz y a aquella distancia. Se dirigía directamente hacia la entrada principal de Hogwarts. Obviamente tenía que ser algún profesor o alguien con autorización para entrar y salir del recinto, dado que el alumnado desconocía cómo traspasar las medidas de protección que se habían implantado en el centro desde el comienzo de los ataques. A la velocidad que caminaba y con el paso firme al que iba, no tardé el perderle de vista.

Me quedé pensativo un rato, pero pronto volví a mi viaje de ese día. Tenía ganas de llegar a mi tiempo. Seguramente requerirían mi presencia en el Ministerio para investigar todo lo ocurrido, pero pronto me dejarían volver a Asturias a ver a mis seres queridos. Era algo que necesitaba hacer desesperadamente. Había pasado mucho tiempo “fuera”.

Entre unas cosas y otras, se me había pasado el tiempo y se acercaba la hora de desayunar. Sería mi despedida de la escuela, ya que Albus informaría a todo el profesorado de la situación. Tenía muchas cosas que agradecerles. Sin su apoyo no habría sido capaz de aguantar la presión y aprender tantísimas cosas. Iba a ser una despedida emotiva, pero yo esperaba convertirla en un “Hasta Pronto”, porque ya estaba preparado para verles a todos de nuevo en mi tiempo y volver a darles las gracias.

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Expecting

16 octubre, 2009

Subí las escaleras bastante nerviso. Me ajusté la varita dentro de la toga, me sudaban las manos. Quizás sabría si era posible volver a mi tiempo. Esperaba que así fuera.

Me apresuré por los pasillos hasta que llegué a la escultura y dije “mermelada de piña“. Pronto subía las escaleras de caracol hasta la puerta del despacho. Podía escuchar voces dentro, pero estaba tan nervioso que me paré un segundo sin saber cómo llamar a la puerta, que estaba ligéramente abierta.

La doctora Lemonfield me recibió con una sonrisa y me invitó a pasar al despacho, donde Albus estaba de pie junto a un hombre al que no había visto antes. Llevaba una toga oscura y guantes a juego. Me invitaron a sentarme, como en la primera ocasión que me había reunido con Dumbledore y Lemonfield algunas semanas atrás. Pero la diferencia es que esta vez me sentía más preparado. Había aprendido muchas cosas y había tenido muchas experiencias en las últimas semanas. Estaba agotado, pero tenía la esperanza de poder volver a mi tiempo, quizás, en pocas horas.

- Ah, Pablo, Bienvenido- me dijo Albus con una sonrisa. – Ya conoces a la doctora Lemonfield - nos saludamos con una sonrisa- y este es el doctor Anx I. Expecting.- Le saludí y el asintió con la cabeza sin prestar mucha atención.

- Tenemos novedades- me dijo la doctora Lemonfield. Yo miré a Albus, que sonreía. – Aunque ha costado mucho, desde el ministerio hemos descubierto cómo hacer que el pasamanos… el traslador te devuelva a tu tiempo.-

Quería saltar con emoción, ilusionado porque podría volver a mi casa y a mi tiempo. Lo necesitaba. Estaba desesperado por hacerlo.

- Entonces… ¿Cuándo? – les miré con entusiasmo.

- Mañana – respondió Albus – tenemos que prepararnos pues no va a ser un viaje fácil.- Albus hablaba de la situación que se estaba viviendo con los contínuos ataques que se venían sucediendo. The Daily Prophet contaba ya más de cien ataques. La situación era peligrosa.

- Estaré preparado- respondí yo… ¡Ya estaba listo!

- La doctora Lemonfield y el doctor Expecting nos acompañarán en este viaje- dijo el professor- Primero iremos al Ministerio y desde allí a la estación.-

- Debemos ser muy cuidadosos – dijo la doctora Lemonfield- sabemos que el Traslador fue puesto ahí por una razón. Por todos los medios intentarán llegar a nosotros… a tí, para que les abras esa puerta en el tiempo. Ninguna precaución será excasa - dijo.

- Esto no es un juego- dijo el doctor Expecting, que se había mantenido callado hasta ese momento. Su voz era muy grave y lenta- Estamos hablando de un tipo de magia de la que tú sólo no podrías ni soñar defenderte.-

- Anxious, tendremos un equipo de profesorado experto, tendrémos cuidado- respondió el professor Dumbledore a las palabras de Expecting.

- Te protegeremos en todo momento- me dijo la doctora Lemonfield con una sonrisa y más relajada que aquella primera vez que la había visto.

El resto de la reunión fueron detalles. Expecting parecía incómodo ante la ilusión compartida por Dumbledore y Lemonfield conmigo y mi viaje de vuelta a casa. Sinceramente, no voy a decir que me diera igual, pero pronto no tendría que preocuparme, estaría de vuelta a casa. Era muy emocionante y ¡yo ya estaba impaciente!

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Verano 1980: clases en Hogwarts

2 octubre, 2009

Si los primeros meses en Hogwarts habían sido interesantes por la oportunidad de conocer a tanta gente y tantas cosas diferentes, los siguientes habían sido un cúmulo de cosas, una tras otra. Ahora me planteaba si los ‘pequeños accidentes’ acaecidos en la escuela de mi tiempo habían sido, pues eso, accidentes. Lo que la doctora Lemonfield y el professor Dumbledore de 1980 me acababan de contar, me ponía en una situación complicada. Resulta que no me bastaba con un viaje en el tiempo sino que ahora parecía que lo habían hecho a propósito. Estaban esperando (quienes sean) a una persona que pudiese abrirles la puerta del viaje temporal, porque aunque ellos podían poner el hechizo sobre objetos, no podían llegar a más sin alguien “como yo”. Algunas personas podían hablar con algunos animales… Por lo que se veía, ¡yo podía activar hechizos relacionados con el espacio/tiempo!

Pero había un peligro: esa gente que quería dar una uso distinta a esa habilidad. Ahora yo me econtraba en peligro por ser quien podía abrir esa puerta. Era una especie de “Traslador humano” (o quizás un complemento de un Traslador). Sólo necesitaban juntar un Traslador, que les moviese en la dirección temporal deseada, conmigo y… ¡Pam! de cabeza a esa fecha. Pero, yo no quería eso y la gente de Hogwarts tampoco, porque dado el caso podría hacer que los levantamientos y ataques que empezaban a suceder en 1980 se pudieran trasladar al presente (a mi presente) o al pasado, y se podría cambiar la historia. Resumiendo, no era tan divertido como se podría pensar.

Pude hablar con mi Headteacher y el professor Starluck de mi tiempo a través de la carta. Aun no entiendo mucho cómo, pues se supone que los eventos del futuro no deberían existir en 1980, pero la carta permitía esa conexión. Les conté lo sucedido y ellos me dijeron que pasarían la información al Ministerio. (Se me pasó por la cabeza que quizás en el Ministerio habría noticias de lo que había pasado en el año en el que yo estaba). También hablé con mi gente por teléfono y les expliqué que tendría que pasar el resto del verano en la escuela por motivos de trabajo. Esa era la realidad, el trabajo había aumentado en esceso y ya no se limitaba a las clases de Español. Les hizo tan poca ilusión como me hacía a mí el hecho de encontrarme en esa situación y no poder volver a España por vacaciones.

Una cosa estaba clara: el envenenamiento me había afectado a mí porque yo era más débil. Así que en la escuela, donde las medidas de seguridad podían protegernos a los que allí residíamos, se decidió poner solución a ese problema. Durante las siguientes semanas, leía libros y hacía prácticas a diario. El profesorado, que ya conocían la situación, se volcó en ayudarme y animarme. Comprendí que tenía que formarme. Todos y todas se habían ofrecido voluntarios para dedicar unas horas extra para mi formación. Así mi horario se comprendía de una serie de clases a lo largo de la tarde, todas enfocadas hacia la práctica, donde yo era “un poco” torpe. Pero en unas cuantas semanas, ya se notaba mi mejoría y yo me sentía más confiado.

En este tiempo, tuve noticias de la doctora Lemonfield, pero aun no había grandes novedades sobre el Traslador. Tenían que investigarlo con mucho cuidado para no preocupar a la gente no mágica que pasaba a diario por la estación.

Un día el professor Dumbledore me pidió que fuera a su despacho, Lisa había venido a la escuela y traía novedades.

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