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Ligero de equipaje

26 enero, 2010

Llevaba más equipaje que la última vez que había estado en esa estación: pergaminos con apuntes que había tomado durante las clases, la varita, ropa… Pero me faltaba una cosa y quizás era lo que hacía que mi equipaje (léase carga) fuera más pesada: la carta. Me había acostumbrado tanto a llevarla conmigo que era muy extraño no tenerla. Rápidamente se pasó por mi memoria el recuerdo de aquella lechuza en mi ventana de Avilés.

Se sabía que habría vigilancia. Si había alguien esperándonos ayer, no le haría mucha gracia que no apareciéramos. Esperábamos cualquier sorpresa. Por ese motivo tratamos de pasar desapercibidos entre la multitud. Nos separamos ligeramente. La doctora Lemonfield y el doctor Expecting iban a mi lado. Nos repartimos el equipaje para que no pareciera que sólo me iba yo de viaje. Un hombre tocaba una guitarra junto a la entrada. Había mucha gente entrando y saliendo, también charlando fuera. Una mujer repartía tarjetas de publicidad de un local de comida rápida.

Hagrid fue el primero en entrar, junto con uno de los Aurores. Los demás íbamos un poco rezagados, para evitar dar sensación de grupo. Dumbledore fue el siguiente en entrar. Salía y entraba mucha gente. A nuestra derecha estaba el hombre que tocaba la guitarra, al que podía escuchar más cláramente ahora. Paré un momento para dejar unas monedas en el sombrero que tenía colocado en el suelo frente a él. Me sonrió y agradeció con un movimiento de cabeza mientras los doctores me miraban nerviosos. Seguimos caminando. Me temblaban las piernas y comencé a toser.  La gente seguía entrando y saliendo sin parar. Todo se movía. “Nada que ver con la tranquilidad de Hogwarts”, pensé para mí.

Caminamos hacia los trenes. Allí estaba el pasamanos. Llegaba el momento. Tosía más.

-“¿Estás bien?”- me preguntó la doctora Lemonfield

-“Creo que sí… un poco nervioso”- respondí.

-“Tranquilo, ya casi estamos”- dijo con una sonrisa. Mis nervios eran más que obvios.

Ví  que Albus que me sonreía en la distancia. Ya nos habíamos despedido “oficialmente” antes de partir, pero le iba a echar de menos. Miré a los otros, Hagrid estaba junto al quiosco donde había comprado aquel periódico. A su lado estaba el auror. La doctora Lemofield y yo estábamos casi frente al pasamanos. Expecting iba un poco detrás de nosotros. Ya casi estábamos allí. Busqué Alister con la mirada debería estar detrás de nosotros, junto a la otra Auror. No les veía, había mucha gente.

- “Es el momento”- dijo la doctora echándose ligéramente a un lado.

Volví a mirar a los demás. Aun no podía ver a Alister y a la Auror.

-“¡Venga, hazlo!” – exclamó nervioso Expecting, que estaba pegado a mí.

Volví intentar encontrara los demás, mientras agarraba las bolsas con una mano y acercaba la otra hacia el pasamanos. La espalda de Expecting estaba frente a mí ahora. Entonces escuché ruido en la entrada, había gritos Alister venía corriendo hacia nosotros.

-“¡Tócala!, ¡Tócala!” -gritaba Alister, la Auror apareció corriendo detrás de él y una multitud de gente se apartaba despaborida ante sus gritos y los de la gente que venía detrás.

-“¡Están aquí! ¡Rápido!”- exclamó Lisa volviéndose hacia donde yo estaba. Me pareció ver a alguien más que venía corriendo hacia nosotros.

Justo en ese momento ví un trozo de pergamino que asomaba del bolsillo de Expecting. ¡La carta! Pero ¿cómo había llegado hasta ahí? Aparté la mano del pasamanos para cogerla. “¡Tócala! ¡Tócala!” gritaba Alister. No había tiempo. Me giré y volví hacia el pasamanos. Y lo agarré con fuerza, con la misma fuerza con la que una mano se agarraba a mi hombro.

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